Morante de la Puebla sentado en una silla frente a un toro en el ruedo

Morante manda mirar toros para 2027 y el mundo taurino vuelve a ponerse en pie. José Antonio, una cosa… ¿no habíamos quedado en que necesitabas descansar?

Diez días.

Del cierre de temporada de Morante de la Puebla en Zaragoza, el pasado 17 de octubre, al día 27 habían pasado exactamente diez días. Nosotras todavía estábamos intentando interpretar sus últimas palabras, ordenar las emociones del año y prepararnos para un invierno de interrogantes.

Ahora llegan informaciones de que ha dado instrucciones a su veedor para mirar toros de cara a 2027.

José Antonio, hombre. Danos tiempo, por lo menos, a echarte de menos.

Porque aquí basta con que alguien abra la cancela de una ganadería por encargo suyo para que media afición empiece a hacer carteles y la otra media pregunte dónde se compran las entradas.

Lo del efecto mariposa se nos está quedando corto: Morante mueve una ceja en La Puebla y en el mundo taurino ya hay temporal.

Calma con los toros de Morante para 2027

Que el veedor ha salido al campo; todavía no ha salido el abono.

Aunque tampoco vamos a hacernos las distraídas. Mandar mirar toros tiene su significado. El veedor observa, valora y empieza a seleccionar el ganado sobre el que después se podrá construir una temporada. Que ese trabajo se ponga en marcha alimenta, y mucho, la esperanza de volver a verlo.

De ahí a dar por cerrados sus próximos meses hay un trecho. Pero comprenderán que a nosotras se nos haya escapado una sonrisa.

Y una pregunta:

Pero… ¿no habíamos quedado en que necesitabas descansar?

Quizá habría que haber leído la letra pequeña. Descansar de los viajes, de los hoteles, de las tardes que pesan antes de empezar y de las que siguen pesando cuando terminan. Descansar de tantas exigencias.

Del toro, por lo visto, resulta más difícil.

Una conversación entre José Antonio y el toro

Ahí está la fotografía que acompaña estas líneas. José Antonio sentado, inclinado hacia el animal; el toro delante, tan cerca que una casi espera que alguno de los dos tome la palabra.

Nos hemos permitido imaginarla. La conversación, claro, es nuestra.

—Habíamos quedado en que te ibas a descansar —parece decirle el toro.

—Y estoy descansando.

—¿Y lo del veedor?

—Eso es ir mirando.

Ir mirando.

La expresión más inocente del mundo. Hasta que la pronuncia, o la insinúa, Morante de la Puebla. Entonces ya tenemos conversación para todo el invierno.

Pero detrás de la sonrisa hay algo que conviene escuchar con respeto. José Antonio ha hablado de su salud y de las dudas que condicionan su continuidad. Querer volver y poder hacerlo no siempre van al mismo paso. Desde fuera podemos desear, ilusionarnos y hasta impacientarnos; decidir le corresponde a él.

Tal vez por eso conmueve tanto esa imagen. Porque permite imaginar, sin pretender conocer sus pensamientos, el diálogo de alguien que necesita tomar distancia y sigue encontrando motivos para acercarse.

Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio.

Hay cansancio, hay memoria y hay algo pendiente entre esos dos. Nosotras miramos la fotografía y casi sentimos que sobramos un poquito. Que hay conversaciones para las que ni siquiera hace falta público.

De esa intimidad que solo podemos intuir hablamos también en Morante, el silencio y el ritual. Hay gestos que invitan a mirar despacio, aunque fuera todo sean prisas.

Morantier’s

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