
Úbeda, 3 de octubre de 2026.
Hay plazas que esperan a un torero. Y hay plazas que parecen reconocerlo.
Esta tarde, Morante de la Puebla volvió a encontrarse con Úbeda en una corrida de Jandilla que había colgado el cartel de “No hay billetes”. Junto al sevillano hicieron el paseíllo Roca Rey y David de Miranda, en una de las citas centrales de la Feria de San Miguel.
Morante regresaba, además, a una plaza donde ya había dejado huella. Pero no volvió para repetir una tarde. Volvió para volver a torear.
Morante de la Puebla en Úbeda 2026: la espera ante el primero
El primero de la tarde, Racalimpio, número 84, negro mulato, tuvo nobleza. Morante lo recibió a la verónica y dejó después un quite por chicuelinas que despertó a los tendidos.
Con la muleta llegó uno de esos comienzos que llevan su firma: un trincherazo de enorme empaque que abrió una faena ligada, ajustada por el pitón derecho y desarrollada también al natural.
El toreo apareció a otra velocidad.
A cámara lenta.
La faena fue corta, medida e intensa. La estocada entera quedó algo trasera y fueron necesarios dos descabellos. Hubo una leve petición de oreja y una fuerte ovación con saludos.
Y entonces quedaba todavía el cuarto.
Juguete y una faena de ensueño
El cuarto atendía por Juguete, número 02 de Jandilla. Y ahí apareció otro Morante.
Las verónicas, llevando al toro en los vuelos del capote, fueron excepcionales. Tras un gran tercio de banderillas, el sevillano comenzó a construir una faena de enorme belleza, asentada en tres palabras que resumen lo sucedido: pureza, profundidad y ajuste.
Morante encontró en Juguete el espacio para desarrollar ese toreo fundamental que parece surgir de un lugar distinto al de la prisa. Cada muletazo tuvo su tiempo. Cada pase, su sitio. Y cada silencio entre uno y otro pareció formar parte de la propia faena.
La estocada completa puso el broche a una actuación bellísima. Morante de la Puebla cortó las dos orejas en Úbeda y dejó una de esas faenas que permanecen cuando ya se han apagado los ecos de la plaza.
Morante y esa forma de detener el tiempo
Quizá sea precisamente eso lo que hace que determinadas tardes de Morante sean difíciles de explicar.
Las estadísticas cuentan las orejas. Los archivos cuentan las plazas. Las crónicas cuentan los muletazos. Pero hay algo que no cabe fácilmente en una ficha: el tiempo.
Morante tiene la capacidad de hacer que una plaza entera acepte otra velocidad. Mientras todo alrededor parece pedir inmediatez, él propone espera. Mientras el mundo corre, él se detiene.
Y cuando el toro embiste, durante unos segundos, parece que todo lo demás deja de importar.
Esta tarde, en Úbeda, volvió a suceder.
Una tarde grande en la Feria de San Miguel de Úbeda
La corrida tuvo también una enorme intensidad en las actuaciones de sus compañeros. Roca Rey cortó dos orejas y rabo al segundo toro y dos orejas al quinto. David de Miranda obtuvo dos orejas y rabo del tercero, en una actuación marcada también por una fuerte voltereta.
Pero para Morantier’s hay algo que permanece por encima de cualquier cifra.
Las orejas son el resultado.
El toreo es otra cosa.
En Úbeda, Morante volvió a recordarlo. Volvió a demostrar que hay toreros que torean al toro y toreros que, durante unos minutos, parecen torear al tiempo.
Quizá por eso las plazas siguen esperándolo.
Porque cuando Morante aparece, nunca se sabe exactamente qué va a suceder.
Solo sabemos que habrá que estar allí.
Esperando.
Revive la tarde de Morante en Úbeda
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El arte no se explica, se espera.

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