Morante de la Puebla cortó una oreja, con petición de la segunda, en la Feria de Murcia. El capote, unos estatuarios de enorme personalidad y un natural dejaron la huella de una tarde en la que su segundo toro apenas ofreció posibilidades.
Murcia esperaba a Morante.

El 14 de septiembre, una plaza prácticamente llena recibió a Morante de la Puebla, José María Manzanares y Alejandro Talavante, ante una corrida de Juan Pedro Domecq.
Talavante terminaría saliendo a hombros con tres orejas. Pero la tarde de Morante tuvo su propio argumento.
Y apareció pronto.
Verónicas para comenzar
El primero de Morante, de reducida alzada y buenas hechuras, mostró nobleza aunque también un fondo limitado.
Con el capote llegó uno de los momentos de la tarde.
Un quite por verónicas de gran hondura, toreado con suavidad, personalidad y torería.
Sin apresurarse.
Dejando que fuera el capote quien hablara.
Vídeo Morante con el Capote Murcia 26
Antes de comenzar la faena de muleta, Morante brindó el toro a la Infanta Elena, presente en una barrera.
Estatuarios, temple y un natural
El comienzo de faena tuvo sabor.
Morante se quedó en el sitio para dibujar unos estatuarios de enorme empaque y después encontró pronto la distancia adecuada.
Llegaron dos tandas importantes por el pitón derecho.
El toro no era extraordinario, pero Morante había encontrado la forma de torearlo.
Y después cambió de mano.
Un natural de gran expresión dejó uno de los instantes más bellos de su actuación. La faena avanzaba desde el gusto y el conocimiento mientras el toro comenzaba a perder fondo.
Morante siguió consintiendo.
Aprovechando lo que todavía quedaba.
Vídeo Morante con la Muleta Murcia 26
Una estocada puso el final.
Una oreja y petición importante de la segunda.
El cuarto cerró las posibilidades
Muy diferente fue el segundo de su lote.
El cuarto de Juan Pedro Domecq salió distraído y sin una embestida franca sobre la que construir.
Morante buscó especialmente el pitón izquierdo y consiguió ligar un par de series por la derecha, pero el toro no terminó de entregarse.
Abrevió.
Pinchazo hondo, dificultades con el descabello y división de opiniones en los tendidos.
Murcia se quedó con una oreja y varios instantes
No fue una tarde de Puerta Grande para Morante.
Pero quedaron las verónicas.
Los estatuarios.
Dos tandas por la derecha.
Y un natural.
Pequeños fragmentos de una tauromaquia que no siempre necesita una faena rotunda para hacerse reconocible.
Murcia concedió una oreja.
Morante había dejado algo más difícil de medir: el sabor de unos cuantos instantes de toreo.
MORANTIER’S
El Arte Se Reconoce.

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