
Morante de la Puebla regresó a Las Ventas exactamente un año después de aquella despedida que estremeció al mundo del toro. Su actuación del 12 de octubre de 2026 invita a hablar de Siciliano y Rosito, de naturales que sobrevivieron a la dificultad y, también, del respeto que merece quien se juega la vida en el ruedo.
Las Ventas, entre la exigencia y el respeto
Hubo un tiempo en que el público de Las Ventas imponía respeto por su conocimiento, por su memoria y por su capacidad para juzgar el toreo con criterio. Madrid era una plaza difícil, nadie lo discute, pero su dureza tenía un sentido: se exigía porque se conocían los terrenos, los tiempos, las distancias y la verdad que se esconde detrás de cada muletazo. No se regalaban los aplausos. Tampoco había necesidad de negarlos de antemano.
Hoy, sin embargo, cuesta no preguntarse cuándo una parte de aquella exigencia comenzó a confundirse con el rechazo sistemático. Exigir a un torero es legítimo; acudir predispuesto a desautorizarlo antes de que pueda expresarse es algo muy distinto. La discrepancia pertenece a la afición. El insulto, no.
Porque una cosa es protestar un toro, censurar una decisión o considerar que una faena no ha estado a la altura de lo esperado. Otra es convertir el tendido en una sucesión de improperios mientras, abajo, un hombre se enfrenta a un toro bravo con la posibilidad real de perder la vida.
La condición de plaza de primera categoría no concede a nadie el derecho a faltar al respeto.
La responsabilidad es aún mayor cuando se piensa en lo que significa comparecer en Madrid. Para muchos toreros, especialmente quienes empiezan a abrirse camino, una sola tarde en Las Ventas puede condicionar la temporada siguiente, las contrataciones y las oportunidades de volver a anunciarse en otras plazas. A la presión artística se añade una presión profesional que rara vez alcanza al espectador.
José Antonio Morante de la Puebla está en otro momento de su carrera. Su historia no depende ya de una tarde y su categoría no necesita una oreja más para ser reconocida. Pero el reconocimiento no reduce el riesgo ni convierte en aceptable la desconsideración. En Morantier’s reivindicamos el mismo respeto para él que para cualquiera de los Maestros del Arte que cada tarde pisan el ruedo.
No pedimos indulgencia para Morante, ni privilegios. Pedimos que se juzgue lo que sucede ante el toro y no una sentencia dictada de antemano.
Morante de la Puebla en Las Ventas 2026: el regreso
El 12 de octubre de 2025, Morante protagonizó en Las Ventas una de las escenas más emocionantes de su trayectoria. Tras cortar las dos orejas al cuarto toro y abrir la Puerta Grande, se desprendió de la coleta en el centro del ruedo. Aquella despedida, recogida en la reseña oficial de Las Ventas de 2025, dejó una imagen inolvidable.
Exactamente un año después regresaba al mismo escenario. El interés era enorme: 22.964 espectadores ocuparon los tendidos, según la reseña oficial de la Corrida de la Hispanidad de 2026. Las Ventas había colgado el «No hay billetes».
La expectación era comprensible. También lo es si se contempla el legado artístico de Morante de la Puebla: una manera de interpretar el capote y la muleta que ha demostrado, durante décadas, que la emoción puede habitar en un instante. Pero el toreo no obedece a los aniversarios ni garantiza desenlaces a la medida de los deseos.
Morante lidió a Siciliano, segundo de la corrida, de Garcigrande, y a Rosito, cuarto, de Núñez del Cuvillo. El balance fue silencio y ovación con saludos tras un aviso. Las cifras reflejan el resultado; no alcanzan, por sí solas, a explicar todo lo ocurrido.
Siciliano: cuando el toro no permite construir
Siciliano, de Garcigrande, mostró escasa entrega y poca disposición a desplazarse. La embestida no ofreció el recorrido ni la continuidad que Morante necesitaba para dar forma a una faena. Cada intento encontraba una respuesta insuficiente o defensiva del toro.
El Maestro buscó las posibilidades del animal, pero la falta de colaboración terminó por cerrar el camino. No hubo una faena capaz de tomar vuelo. Abrevió y su actuación fue silenciada.
La ausencia de triunfo no siempre significa ausencia de voluntad. A veces el toro, sencillamente, no deja espacio para el arte.
Rosito: el natural frente a la adversidad
El cuarto de la tarde, Rosito, de Núñez del Cuvillo, fue un toro irregular. Se movía, sí, pero no siempre bien; sus embestidas exigían mando, colocación y una atención constante. Morante quiso encontrarle una faena. Desde el capote dejó detalles de su personalidad antes de afrontar el trabajo más exigente con la muleta.
Ya con la muleta, hubo que corregir y volver a empezar. El toro no regalaba la continuidad y el torero tuvo que tirar de sus embestidas para conducirlas por donde quería. Aun así, en la mano izquierda apareció el lenguaje que tanto distingue a Morante.
Y llegaron los naturales.
Naturales de expresión honda, compuestos con ese temple que transforma un movimiento en una emoción. Hubo muletazos de extraordinaria categoría, algunos verdaderamente rotundos, arrancados a un animal que no facilitaba la ligazón.
La faena no fue homogénea. Alternó pasajes de enorme belleza con otros en los que el toro interrumpía el ritmo. Reconocer esas dificultades no resta mérito a lo conseguido; permite entenderlo. La grandeza de algunos muletazos estuvo, precisamente, en su aparición contra la adversidad.
Como en tantas tardes de su carrera, el valor de ciertos instantes trasciende el resultado. Son momentos que nos recuerdan por qué conservamos otras faenas de Morante en nuestro archivo de Momentos que hicieron historia.
En los tendidos hubo respuestas diferentes. Parte del público reconoció con entusiasmo los naturales; otra parte fue crítica con el conjunto. Madrid está en su derecho de discutir una faena, de considerarla insuficiente o de no compartir el entusiasmo de otros aficionados. Lo que no debería confundirse es la libertad de juicio con la descalificación personal.
El desacierto con la espada impidió redondear la actuación. Tras escuchar un aviso, Morante saludó una ovación. Se marchó sin trofeos, pero dejó pasajes de toreo al natural que merecen ser vistos sin prejuicios.
Madrid también es grande cuando sabe respetar
No pretendemos convertir una tarde incompleta en una tarde histórica. Ni inventar orejas que no se cortaron, ni negar las dificultades de los toros, ni exigir a todos los aficionados la misma valoración. La crítica forma parte del toreo. Su ausencia empobrecería el debate y también la exigencia de las plazas.
Pero la exigencia gana autoridad cuando se expresa con conocimiento y educación. Una plaza no alcanza su prestigio por el volumen de sus protestas, sino por la profundidad de su criterio y por su capacidad de reconocer, incluso en tardes irregulares, aquello que merece ser reconocido.
Sería injusto confundir a toda la afición madrileña con las voces más desconsideradas. Las Ventas sigue contando con aficionados extraordinarios, capaces de guardar silencio cuando toca, de discrepar con argumentos y de emocionarse ante un solo muletazo verdadero. Son parte esencial de su historia.
Por eso esta reflexión no pretende enfrentar a Morante con Madrid. Quiere recordar una obligación que alcanza a cualquier tendido: respetar al hombre que está delante del toro. Se llame Morante, sea una figura consagrada o esté jugándose su primera gran oportunidad.
Madrid tiene derecho a exigirlo todo. Lo que no debería perder jamás es la capacidad de reconocerlo cuando sucede.
Morantier’s · El Arte no se explica, se espera.

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